Las espaciosas salas del Museo Dolores Olmedo, de Ciudad de México, albergan desde el sábado 22 de febrero una singular exposición que invita a ser recorrida con sentimiento y razón.
Su singularidad radica en las características de la misma: como bien se sabe, el Grupo Sura llegó desde 2012 a México a través de la adquisición de la operación que tenía ING en ese país (hoy Sura México), hasta ahí, el asunto es de negocios y finanzas, sin embargo, hay más: la compañía mexicana, al igual que la colombiana, tenía una valiosa colección de obras de arte, en una pinacoteca construida durante años con obras maestras de la plástica mexicana. Así que ahora las dos colecciones están custodiadas bajo un mismo grupo empresarial: la de Suramericana, de Colombia, y la de Sura Art Corporation, de México, filiales del Grupo Sura.
La presentación de ambas colecciones, convertidas en una, se hizo con una exposición que incluyó 90 obras, en una muestra que ofrece caminos compartidos entre los artistas de los dos países. Búsquedas, hallazgos, diferencias, transversalidades, que posibilitan trascender lo observado.
Intercambio cultural
Para el presidente del Grupo Sura, David Bojanini, este encuentro desde el arte fortalece el intercambio cultural, abre una ventana difícil de cerrar. En estos escenarios, advirtió el empresario, se construyen relaciones de fraternidad y desarrollo, a través de la creatividad y la imaginación, que nos trasladan a una dimensión diferente del conocimiento, además de permitirnos vivir emociones que solo las expresiones artísticas saben transmitir. También reconoció su influencia en la educación y en los procesos de transformación social.
El Comité Cultural del Grupo Sura, integrado por Marta Elena Bravo, Juan Luis Mejía y Alberto Sierra, de manera externa a la compañía, y Fernando Ojalvo y Lina Roldán, del Grupo Sura, insistió también en los significados de un diálogo intercultural en el que se reconoce la riqueza y variedad de lenguajes.
La curaduría realizada por Alberto Sierra, por Colombia y Consuelo Fernández, por México, logró proponer una exposición en la cual se identifican caminos que confluyen y se separan, como bien lo advierte Juan Luis Mejía, en el texto del catálogo de la muestra, en el cual queda claro cómo desde mediados del siglo XIX y durante el siglo XX esos trayectos se fortalecieron no solo en aprendizajes comunes, sino también en fructíferas polémicas. Se observa así, la influencia que para la plástica colombiana ejerció y ha ejercido la cultura mexicana.
Por eso Alberto Sierra hace énfasis en dos preguntas fundamentales: ¿Qué tanto saben ellos del arte colombiano? ¿Qué tanto sabemos nosotros del arte mexicano?
Parte de la respuesta está en esta exposición.
Informacion Elcolombiano.com