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Cumpleaños 110 del poeta que cantó al amor con desespero: Neruda
July 12, 2014 Cultural

Mientras aparece otro manuscrito inédito de Pablo Neruda que se apresuren a publicar, celebremos hoy los 110 años de su nacimiento en Parral, Chile.

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Porque ya son tres las obras que han aparecido después de la muerte del Premio Nobel: Río invisible, Cuadernos de Temuco y, el más reciente, hace menos de un mes, otros veinte poemas de amor.

“Un día terminarán por publicar mis calcetines”. Cuenta Juan Gustavo Cobo Borda que decía Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, Neruda, ironizando —cosa que le era muy propia— acerca de esa manía que había de publicar todo cuanto él dijera o escribiera, poético o no.

Nacido en Parral, hace hoy 110 años, Neruda murió en Santiago el 23 de septiembre de 1973, unos dicen que de un cáncer de próstata; otros, que envenenado por pinochetistas en un hospital de Santiago, adonde había ingresado precisamente a recibir un tratamiento de la enfermedad, aunque esta última versión no ha sido confirmada. Murió a los 69 años, 12 días después del golpe militar de septiembre de 1973, y a menos de un día de que marchara al exilio.

Tras una querella del Partido Comunista, sus restos fueron exhumados de su casa museo en Isla Negra, en la costa central.

Después de publicar Crepusculario y Veinte poemas de amor y una canción desesperada viajó a España, en el decenio de 1920, donde se hizo amigo de Federico García Lorca y otros poetas. Fue muy importante ese viaje. En Europa renovó su estilo. Se dejó influir por el surrealismo y publicó Residencia en la Tierra y otros poemarios.

Se casó primero en el Viejo Continente, en 1930, con María Antonia Hagenaar Vogelzan Maruca, llamada Maruca Reyes, con quien tuvo una hija, Malva Marina, quien sufría de hidrocefalia y murió a los once años. Después se separó mal, a distancia, desde México, de la europea y se casó con Delia de Carril. Pero su gran amor fue Matilde Urrutia, con quien vivió un tiempo en el exilio, sin separarse de la anterior esposa. Matilde lo acompañó en los últimos años, en su casa de Isla Negra, y dos años después de la muerte del poeta, ella entregó las cajas llenas de manuscritos a la Fundación que lleva su nombre.

Cuentan que el hijo de José Carmen, obrero ferroviario, y Rosa Neftalí, maestra de escuela, tomó su seudónimo del escritor checo Jan Neruda, lo cual él no se afanó por desmentir ni confirmar. Otros cuentan que lo sacó de un personaje de la novela Estudio en escarlata, de Sir Arthur Conan Doyle, en la cual su personaje central, el detective Sherlock Holmes, menciona que asistirá a un concierto de la violinista Norman-Neruda.

Para Cobo Borda, este chileno es un poeta fundamental y “muy atemporal. Sus poemas son de una gran intensidad física, una especie de cascada arrolladora, con un lenguaje que lo impregna todo”.

En Residencia en la Tierra, dice el bogotano, explora la vertiente de la ironía de sí mismo. “Se burla por ser un militante de causas perdidas, como algunos proyectos políticos”. Juan Gustavo celebra también en el Nobel esa especie de fervor material por lo que lo rodea: el vino, la comida, los pájaros, las cerámicas: “Neruda era un cacharrero del mundo”.

Juan Gustavo Cobo Borda —quien, por cierto, reconoce una honda influencia de Neruda en su poesía— prefiere, entre los libros del autor que está de cumpleaños, Residencia en la Tierra y Estravagario.

(Ahora me dejen tranquilo./ Ahora se acostumbren sin mí./ Yo voy a cerrar los ojos/ Y solo quiero cinco cosas,/ cinco raíces preferidas./ Una es el amor sin fin. Son los primeros versos de Pido silencio, poema de Estavagario).

Pablo Neruda recibió el Premio Nobel de Literatura en 1971. Ocho años había sido candidato a este galardón, al lado del irlandés Samuel Beckett, el japonés Yukio Mishima, y otros.

De ese 10 de diciembre de 1971, cuando recibió el premio, Neruda comenta en el libro Memorias: «El anciano monarca nos daba la mano a cada uno; nos entregaba el diploma, la medalla y el cheque […] Se dice (o se lo dijeron a Matilde para impresionarla) que el rey estuvo más tiempo conmigo que con los otros laureados, que me apretó la mano con evidente simpatía. Tal vez haya sido una reminiscencia de la antigua gentileza palaciega hacia los juglares».

Hombre ingenioso
Darío Jaramillo Agudelo también tiene Residencia en la Tierra como el mejor poemario de Neruda.

Sin embargo, dice, “no soy un apasionado seguidor suyo; me gusta más Vallejo (César)”.

Cree que es un buen poeta, aunque, observa, uno va cambiando mucho de gustos.

Prefiere los libros de amor y no considera para nada buenos los libros de poesía política: “esas tareas que hacía para el Partido. Eso no es poesía”.

Y en cuanto a esos poemas que más bien eran diatribas contra líderes de derecha, como Nixon o Laureano Gómez, le parecen cosas ingeniosas que decía un hombre ingenioso.

Gabriel García Márquez, quien fue amigo de Neruda, llegó a decir de él: “es el más grande poeta del siglo XX en cualquier idioma”.

Darío Jaramillo Agudelo replica en este punto que García Márquez fue un gran narrador, pero no fue un gran crítico literario.

Sin embargo, uno que sí lo fue, Harold Bloom, dejó dicho que “ningún poeta del hemisferio occidental de ningún siglo admite comparación con él” y también que es uno de los veintiséis autores centrales del canon de la literatura de todos los tiempos.

Sin duda, Neruda es autor de al menos dos poemas que terminan siendo patrimonio de todos. ¿Quién no recita de memoria algunos versos del poema 20:

“Puedo escribir los versos más tristes esta noche./ Escribir, por ejemplo: “La noche está estrellada,/ y tiritan, azules, los astros, a lo lejos (…) “.

Y los de Farewell, incluido en Crepusculario:

Desde el fondo de ti,/ y arrodillado,/ un niño triste, como yo,/ nos mira (…)”

Ya pasó su cuarto de hora
“A Pablo Neruda ya se le pasó la época”. Es lo primero que dice Jaime Jaramillo Escobar. Y explica: “la poesía política es la más efímera de todas, porque a los 10 años cambia la vida de un país y la poesía queda en nada. Por eso, Neruda quedó en buche y pluma”.

¿Y la poesía amorosa, entonces?, le pregunto.

“Esa sí perdura porque el amor ha sido la misma bobada toda la vida”.

El autor nacido en Pueblorrico recuerda que en otro tiempo fue lector de la poesía de Neruda.

El poeta conocido también con el seudónimo X-504 reconoce que Pablo Neruda fue un fenómeno de multitudes.

“Aunque no sabía leer y lo hacía de una manera monótona y aburridora”.

“Él fue un fenómeno de multitudes. ¿Usted no sabe que él llenó el Maracaná?” .

Informacion Elcolombiano.com

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