A pesar de los torrenciales aguaceros de los últimos días en la urbe, el agua que consumimos en la ciudad podría escasear a corto plazo, pues las lluvias son tímidas sobre los embalses que abastecen de agua a la capital. Así Bogotá haya bajado el consumo de este líquido vital el último año –pasó de consumir 15,7 millones de metros cúbicos (Mm3) del líquido en el primer bimestre del 2015 a 15,4 Mm3 en ese mismo periodo en 2016– la suma de varios fenómenos alertan a entidades y expertos.
El primero es que los niveles de los embalses de Chuza y San Rafael están, respectivamente, al 56 y 49 por ciento de su capacidad; lo segundo es que para que estos recuperen el nivel adecuado es necesario que llueva más de lo habitual tras pasar el fenómeno de El Niño; para terminar, el ecosistema está ‘sediento’ y la tierra y plantas están absorbiendo gran parte del agua lluvia que requieren los ríos que abastecen los embalses
Estos motivos, al confluir, pueden poner en riesgo el suministro del recurso hídrico para Bogotá y revivir el ‘fantasma’ de un racionamiento que ya rondó la capital en 1997, cuando un derrumbe dentro del tubo que envía agua del embalse de Chuza al de San Rafael (encargados de suministrar el 80 por ciento del agua de Bogotá) y un fuerte fenómeno de El Niño pusieron en jaque a la ciudad.
Según el jefe de Pronósticos y Alertas de Ideam, Cristian Uscátegui, si el volumen de lluvias que se espera para abril y mayo sobre el sistema Chingaza no cae, “muy seguramente tendríamos problemas de desabastecimiento; claro, quien toma ese tipo de decisiones es la Empresa de Acueducto. Sin embargo, desde el Ideam siempre hemos advertido que esa posibilidad está latente con motivo del actual fenómeno de El Niño”.
Del páramo al grifo
La sed de la capital de Colombia se calma gracias a cuatro sistemas que captan, almacenan y distribuyen el agua a toda la ciudad. Estos son el Chingaza, Tibitoc, Sumapaz y Cerros Orientales. El más importante es el Chingaza, que representa el 80 por ciento del agua que bebe la capital y cuya operación depende de los embalses de Chuza y San Rafael. El Chuza, ubicado en el Parque Nacional Natural Chingaza, puede almacenar 220 millones de metros cúbicos (Mm3) de agua que capta de ríos como el Teusacá, Guatiquía, Chuza y las quebradas Leticia, El Mangón, Blanca, Siberia I, Coloradas I y II.
El segundo embalse, el de San Rafael –ubicado en el municipio de La Calera– puede almacenar 67,7 Mm3 de agua que recibe del embalse de Chuza a través de un tubo de 37 kilómetros de longitud. De allí, y tras pasar por un proceso de purificación, el agua se distribuye a la ciudad.
Niveles de los embalses
Camilo Lara*, un hombre que lleva 20 años trabajando en la zona del Chuza, manifestó su preocupación por los niveles del embalse y de los ríos y quebradas que lo alimentan. “El embalse está bajito. Aquí en este momento debe estar al 55 por ciento de almacenamiento. Esto se alimenta de varios ríos y quebradas que están secas, como el río Chuza. Eso es porque hace como dos meses que por acá no llueve gran cosa, ya empezó a llover en otras partes, pero por aquí no ha empezado en forma”, explicó Lara.
“La Empresa de Acueducto de Bogotá (EAB), de manera conjunta con las entidades que integran el Comité Hidrológico, mantiene un nivel adecuado de embalses que garantiza el suministro de agua a la ciudad y municipios en el presente fenómeno de El Niño, según las proyecciones de duración e intensidad previstas para este fenómeno”, dicen en la entidad.
Según estos reportes, el embalse de Chuza, que tiene una capacidad de almacenamiento de 220 Mm3, en noviembre del 2015 tenía 185,7 Mm3; y en marzo de 2016, 124 Mm3, una disminución que también ha afectado al embalse de San Rafael. Este último, que tiene una capacidad de 67,7 Mm3, al primero de marzo de este año, solo almacenaba 33,3 Mm3.