Sábado, 5 de Abril del 2025
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En Colombia es preferible perder Petroleo que perder su Patrimonio

Publicado el 25/04/16

De cambio climático suelen hablar los científicos de meteorología y ecología. Pero Thomas Sterner lo hace desde la economía y es una de las voces más avaladas en el en el ámbito internacional para hacerlo.

Sterner es profesor en economía ambiental en la Universidad de Gotemburgo en Suecia y fue el autor principal del capítulo relacionado con políticas nacionales del apartado de mitigación del Quinto Informe de Evaluación del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), considerado como el documento científico más importante del mundo en este tema.

El experto, quien se ha enfocado en entender cómo los subsidios al petróleo han afectado al planeta, explica que para reducir el cambio climático se le debe ponerle un precio al dióxido de carbono, uno de los gases de efecto invernadero que genera el calentamiento global.

Para él, como lo publicó en la revista científica Nature, este es el paso para garantizar la inversión a las energías renovables, que ya son una alternativa más económica para los países. Por eso, insiste que Colombia no puede poner en riesgo sus parques naturales, porque en unas décadas serán un gran motor de la economía al contrario de lo que pasaría con el petróleo.

Sterner habló con EL TIEMPO esta semana cuando visitó el país para participar en la Pontificia Universidad Javeriana en un simposio sobre la carta encíclica ”Laudato si’ sobre el cuidado de la casa común’.

Colombia está inmersa en un debate por la exploración de hidrocarburos cerca de un parque nacional en la región de La Macarena. ¿Qué hacer en estos casos?

Estaría muy mal que el país le apostara a eso. Creo que Colombia no debe permitir la exploración de hidrocarburos cuando se está cerca de un parque natural, porque sería poner en riesgo un patrimonio que luego les serviría para otros sectores, como el ecoturismo o los bonos de carbono. Sin duda es el peor momento de la historia para invertir en petróleo, entonces qué sentido tiene destruir la riqueza natural si en las próximas décadas no habrá un mercado para vender ese crudo. Países como Holanda, Alemania o Suecia ya están apostándoles a otras fuentes de energía.

Su investigación se ha concentrado en la industria del petróleo. Se dice que los bajos precios son negativos para el cambio climático, porque les restan valor a las renovables. ¿Qué piensa al respecto?

A veces les pregunto a mis amigos si cuando leen que el precio del petróleo es bajo les causa alegría o rabia, porque es un problema complejo. Por un lado, los precios bajos del petróleo son malos para fomentar la energía solar. Por ejemplo: inversiones como aislar la casa térmicamente o remodelarla para poner paneles solares no son rentables, si esa es la situación.

Por otro lado, esos precios menores son buenos, porque necesitamos dejar la mitad de las reservas en el suelo, y eso nunca pasará si el negocio es rentable y tiene buenas ganancias. En cambio, si se mantiene esta tendencia es mucho más fácil desistir la inversión, clausurar minas. La lógica más favorable sería entonces precios bajos para el productor y precios caros para los consumidores. Por eso hay que tener un impuesto que cree esas dos condiciones.

Un país como Colombia, que aún apuesta por las energías fósiles y tiene tanta presión de inversión extranjera para ese sector, ¿qué podría hacer?

No es nada fácil ser un país petrolero, pero hoy en día casi no es rentable esa industria y por eso es un buen momento de hacer el salto hacia el cambio. Imagino que es difícil, pero Colombia es un país muy soleado, con un gran potencial de energía solar.

También hay un gran potencial hidroeléctrico, que hay que manejar con mucha sabiduría, porque está amenazado por la sequía.

Las claves son una tarifa sabia en energía e inversión en energías renovables. Ese es el futuro. Será una industria enorme, como lo fue la industria petrolera en el pasado. Probablemente, es un buen negocio meterse en este mercado temprano. Formar a los ingenieros y a todo el sector. Eso es lo que debe hacer Colombia.

El viernes se firmó en Nueva York el Acuerdo de París sobre el cambio climático. ¿Cuáles son los desafíos de ese pacto?

El acuerdo no tiene suficiente precisión y detalle para resolver el problema de cambio climático. Y si lo tuviera, ciertos países no lo firmarían.

En París se planteó que cada país debe cumplir un plan nacional de reducción de emisiones. Muchos creen que ese es un gran éxito y usted piensa lo contrario. ¿Por qué?

Me siento muy dividido. Si lo veo por el lado negativo, creo que es una ironía que se intente controlar un problema global con medidas que cada país se pone individualmente. Es como si se le permitiera a un ciudadano elegir cuánto quiere aportarle de impuestos al Estado.

¿Es posible impedir que el planeta aumente más de dos grados a finales de este siglo?

Si queremos quedarnos debajo de dos grados hay que reducir un 2 por ciento de las emisiones por año; si esperamos cinco años, hay que reducir el 4 por ciento para llegar a esa misma meta. Nos urge mucho resolver el problema, pero hay mucho dinero sobre la mesa. La ONU pasó más de 50 años para definir cómo se debería dividir el mar entre los países, ahora pasa lo mismo con la atmósfera. Solo que esta vez no tenemos tiempo.

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