Luego de presentar su obra en el marco de la Escuela de Verano UPB, en la exposición internacional Da Vinci 500, Hernán Hernández muestra su trabajo en el Museo El Castillo.
Una obra que llevará a sus espectadores por un viaje relacionado con el origen y la evolución del universo, a través de esculturas de altísima factura y de instalaciones que permitirán ver una exposición de inmersión: las obras se recorren, se atraviesan y leen desde distintas perspectivas en el espacio.
La muestra tendrá 22 esculturas y dos instalaciones de gran formato, con la exploración de diversos materiales como el mármol, la piedra, el bronce, el aluminio y el acero. Materiales que implican un dominio de la técnica para lograr a través de ellos, unas cualidades estéticas que comunican el detalle y la línea orgánica que traduce las ondas expansivas del espacio.
La producción de las obras vincula un taller conformado por ingenieros y artesanos que dominan técnicas ancestrales y elementos como el fuego, los dispositivos artesanales y las resoluciones ingenieriles que requiere la obra.
La curaduría de la exposición está a cargo de la arquitecta Lucrecia Piedrahita Orrego
Borramientos estará disponible durante tres semanas, a partir del 6 de septiembre hasta el 29 de septiembre de 2019
Lunes a viernes de 9:00 a.m. a 6:00 p.m.
Sábados, domingos y festivos de 10:00 a.m. a 6:00 p.m.
Valor ingreso: Adultos $13.000, niños y estudiantes $9.000 -Incluye recorrido guiado por el Museo. (Jueves y viernes se tendrá visita comentada con la arquitecta y curadora Lucrecia Piedrahita).
Partiendo de la separación de capas matéricas del mármol y del metal, el artista Hernán Hernández organiza los planos compositivos en el delicado ejercicio del control del espacio escultórico y sus gradaciones de la luz; la contraposición de masas y zonas de aire, unidos al acto íntimo y poético de dibujar para luego esculpir, son la síntesis procesual de su trabajo. La retina encuadra el paisaje del vacío por donde se desplazan sólidos dominados por el rictus de la acción, en un barrido que acentúa el carácter gravitacional propio de la curvatura del espacio-tiempo, provocando la singularidad de sus trabajos al develar una dimensión matérica y espacial que da cuenta de la geometría no euclidiana y del non-finito.
El artista contempla el cosmos y analiza la profunda interacción de multiversos, agujeros negros, ondas gravitacionales y elementos del espacio, y los re-trae en instantes fugaces de tiempo para luego aproximarse a la construcción de paisajes estelares, de instalaciones que exaltan el vacío y subrayan la naturalidad de la coreografía del universo.
La máxima condensación del paisaje percibido que implica, además, una interpretación del mismo, es desarrollada desde la tercera dimensión, dejando entrever entrantes y salientes de las hendiduras del material que producen una geografía propia donde las sombras se desdibujan al borde mismo de la desaparición. La trama compositiva de sus instalaciones y sus esculturas centran la mirada en el volumen y el espacio para imprimir una composición que se anuda a las ondulaciones de la piedra y el metal, así como en la superposición de elementos que con líneas dibujadas denotan una inteligencia perceptiva que hace de su ilusión una forma superior de realidad.
Un borramiento aparece y tras esas superficies que se quiebran en la sala expositiva se entrevé los acentos del universo. Así, entre esquirlas que se suspenden de la cubierta museográfica, entre los dobleces de la materia escultórica, aparecen las atmósferas evanescentes que se cuelan por los solapes despojados de toda retórica formal y trabajados con intensidad y pasión para coleccionar paisajes abstractos, dispuestos sacramentalmente en el soporte del imposible confinamiento del universo.