Viernes, 4 de Abril del 2025
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Elon Musk y la Nasa estudiarán cómo el polvo de los desiertos agudiza la crisis climática

Publicado el 18/07/22

La cápsula de reabastecimiento Dragon, de la compañía privada SpaceX, que lleva más de 1.500 kilos de experimentos científicos, suministros para la tripulación y otras cargas, despegó camino a la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés) este viernes, 15 de julio, desde el Centro Espacial Kennedy en Florida (Estados Unidos).

La nave, que fue lanzada en un cohete Falcon 9 en el marco de la misión número 25 de servicios de reabastecimiento comercial de la compañía de Elon Musk para la Nasa, se acopló con éxito este sábado a la ISS.

Entre los nuevos experimentos que llegan a la Estación Espacial figuran algunos para estudiar los efectos de la microgravedad en el envejecimiento del sistema inmunitario, en las comunidades microbianas del suelo, la producción de proteínas sin células y la fabricación de hormigón fuera de la Tierra.

El experimento estrella

Aunque son varias sus tareas en el espacio, el experimento estrella es la Investigación de Fuentes de Polvo Mineral en la Superficie de la Tierra (EMIT, por sus siglas en inglés), desarrollada por el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la Nasa.

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Este incorporará un espectrómetro de imágenes para medir la composición mineral del polvo en las regiones áridas del planeta. Cuando este sopla también afecta a la calidad del aire, a las condiciones de la superficie terrestre –como la velocidad de derretimiento de la nieve– y a la salud del fitoplancton en el océano.

La investigación recogerá imágenes durante un año para generar mapas de la composición mineral en las regiones de la Tierra que producen este polvo. La cartografía resultante podría hacer avanzar la comprensión de sus efectos en las poblaciones humanas, tanto actualmente como en el futuro.

“Los aerosoles de polvo creados por la erosión eólica de las superficies áridas se encuentran entre los mayores contribuyentes a la carga global de partículas en la atmósfera, determinando efectos climáticos en grandes áreas de la Tierra”, explica Carlos Pérez García-Pando, investigador del Barcelona Supercomputing Center – Centro Nacional de Supercomputación (BSC-CNS) que participa en la misión.

Estos efectos sobre el clima del planeta dependen fundamentalmente de las variaciones regionales en la composición mineral del polvo, que no están bien representadas en los actuales modelos del sistema terrestre.

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“En este contexto, el proyecto EMIT tiene el potencial de desencadenar un cambio de paradigma al permitir la producción de una base de datos precisa y casi global de la mineralogía de la superficie que mejore los análisis que sustentan los actuales atlas mineralógicos utilizados en los modelos que calculan los efectos climáticos. Al medir detalladamente los minerales que componen el polvo, EMIT ayudará a responder si los aerosoles de polvo calientan o enfrían la atmósfera, así como la forma en que esto podría cambiar en futuros escenarios climáticos”, concluye García-Pando.

Fuente: El Colombiano.



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