Este 20 de julio asumen los representantes a la Cámara y senadores para el periodo 2022 – 2026, un Congreso que tendrá un gran reto, pues en medio de las promesas de cambio del gobierno electo, deberá ser guardián de la institucionalidad y de la estabilidad política y económica de Colombia.
Hasta ahí suena todo muy bien, pues ese es el deber ser del Congreso de la República, pero, por lo visto hasta el momento, preocupa la poca independencia que puedan tener los nuevos legisladores frente al nuevo gobierno.
Hay una frase muy utilizada en política que habla de “apoyar lo bueno y hacer oposición a lo malo”, y sí, en el caso de la relación congresistas – gobierno, ese es el ideal, pero previo a las posesiones de unos y otros se han conformado unas mayorías que generan preocupación en torno al estudio de las reformas, como la tributaria y la agraria, pues se trata de proyectos que deben ser evaluados en profundidad para valorar su impacto y conveniencia, pero que podrían terminar aprobados a pupitrazo.
Ojalá no sea así y los congresistas de los partidos políticos que anunciaron su apoyo al presidente Gustavo Petro puedan mirar la agenda legislativa con capacidad crítica.
El apoyo al gobierno no debe consistir en aprobar sin cuestionamientos todos los proyectos que presente, sino en, a través del estudio riguroso y los debates, procurar que las iniciativas legislativas se ajusten a lo que más le convenga al país.
Esto, por supuesto, implica aprobar aquellas que cumplan con lo que Colombia necesita, modificar las que lo requieran y rechazar las inconvenientes.
Vale la pena recordarles a los nuevos congresistas que el compromiso que asumieron en las urnas es con el pueblo y que, en ese sentido, los intereses que deben defender a través de su gestión, son los de la ciudadanía.
Fuente: Diario Occidente