La ciudad de 15 minutos se basa en varios principios fundamentales. Primero, la proximidad: las personas deben tener cerca todo lo que necesitan para su vida diaria, reduciendo la dependencia del automóvil y fomentando un estilo de vida más activo y saludable.
En segundo lugar, el equilibrio y la autosuficiencia de los barrios, donde cada comunidad cuenta con espacios que permitan el trabajo, el aprendizaje, el esparcimiento y el consumo sin necesidad de largos desplazamientos. Además, este modelo promueve una diversificación de funciones y usos en el espacio urbano, evitando la segregación de zonas residenciales y comerciales.
Implementar la ciudad de 15 minutos, trae consigo numerosos beneficios sociales y ambientales. En el ámbito ambiental, se busca reducir la huella de carbono asociada con los desplazamientos en vehículos motorizados, disminuir la contaminación del aire y disminuir el tráfico, creando un entorno urbano más seguro y limpio.
Al hacer que caminar y andar en bicicleta, sean las principales formas de transporte, las ciudades pueden contribuir a la reducción de gases de efecto invernadero, alineándose con los objetivos de sostenibilidad y lucha contra el cambio climático.
En el plano social, este modelo puede mejorar la calidad de vida de los habitantes, al reducir el estrés asociado con los traslados largos y al promover un entorno en el que las personas se sientan más conectadas con su comunidad.
Esto facilita el desarrollo de vínculos sociales, promueve la vida de barrio y fomenta el sentido de pertenencia. Además, los desplazamientos a pie o en bicicleta, contribuyen a la salud física y mental de los residentes, disminuyendo los problemas derivados del sedentarismo.